
Una vez cada quince días la buena suerte se les aparecía delante de sus ojos, las miraba, las escuchaba, las olía, las deseaba, las besaba y ellas se sentían reinas únicas en la galaxia, pero no se daban cuenta cuando dejaban ir a la buena suerte que de tanto pasearse por delante se cansaba y se iba.
La buena suerte no era esquiva ni intentaba mucho mas de lo que ofrecía, pero ellas jamás comprendieron eso y cuando ya la perdían no sabían como recuperarla e insistían e insistían, pero la buena suerte por muy tentada que a veces se sintiera no volvía.
Y cada quince días se enfrentaba a una de ellas, una nueva que no conocía y repetía el rito, hasta sentirse encontrada, y ella haciendo lo mismo que todas las otras dejaba que la buena suerte se cansara y se fuera.