domingo, diciembre 04, 2005

Danubio

No se si fue el frio que empezaba a hacer en octubre o el violinista que sonaba calles mas abajo.

No se si fueron los adoquines del piso que sobresalian sin dejarnos caminar bien por los pasajes o si fue la arquitectura romantica y sus arcos de medio punto en cada puerta que se abria a nuestro paso.

Teniamos nuestro budapest que queriamos y planeabamos y soñabamos desde hace tanto tiempo.

Cuando en casa deciamos que hariamos nuestro cada rincon y escuchabamos a Strauss por la radio que nos regalo tu madre para nuestro matrimonio.

Mirabamos los mapas y haciamos nuestro viaje imaginario en medio del invierno y tomabamos cafe y sonreiamos y peleabamos un poco por saber cual seria el primer cafe al que entrariamos, el primer museo que visitariamos y donde nos dejaba el tren mas cercano.

Nos sentiamos como los protagonistas de antes del amanecer, recorriendo ellos su viena y nosotros nuestro budapest, hablando de cosas que nos importaban tanto y tan poco.

Nos regalabamos poemas y fotografias sin camaras, me mirabas a los ojos y me besabas y yo disfrutaba envolverme en el aroma de tu pelo, y me hacia crecer en un beso y juntos volabamos en nuestra habitacion, tocandonos las alas, desapareciendo de la tierra, trasendiendo un poco mas, yo en tu pelo y tu en mi beso.

Disfrutabamos juntos las vitrinas imaginarias y le dabamos monedas al mimo que se levantaba su sombrero y te hacia una reverencia, que respondias con una de tus bellas sonrisas.

Imaginamos que nos levantabamos muy temprano, para alcanzar a ir los mausoleos y conocer la arquitectura de una cuidad definida como el reino de la melancolia y eso era lo que mas nos llamaba la atencion.
Visitamos el parlamento, la basilica de san esteban, el castillo Vajdahunyad, el castillo de buda, visitabamos en los mapas, desde nuestra propia casa las sinagogas y la opera...

Y ahora estamos aqui caminando por sus calles de adoquines y sus vitrinas y su arquitectura tal como la veiamos, tal como la imaginamos hace un tiempo atras...

Y no se si fue el frio que empezaba a hacer en octubre o el violinista que sonaba calles mas abajo, pero la magia no era la misma, tu ya casi no estabas aqui y tu pelo no tenia ese aroma ni mis besos esas ganas y budapest me volvia cada vez mas melancolico y yo, en su reino.

- Mira, dijiste apuntando el rio....
...El danubio azul...
...Que desilucion, no es azul...

- Cierto, dije, que desilucion...

6 comentarios:

Ameba dijo...

ELMUNDOAMEBA.BLOGSPOT.COM

fgiucich dijo...

Efectivamente, el Danubio no es azul pero tiene una atracción especial que hace soñar en valses de Strauss, en amores que se deslizan como los patinadores sobre su superficie helada en invierno o las flores que visten las orillas en primavera. Y al cruzar de Buda a Pest por algunos de los puentes uno se siente como Francisco José en busca de Sissy. Un buen relato. Abrazos.

kiantei Castor dijo...

Pero que lindo,
que mágico,
ve como a todos nos sale el Pepet que llevamos dentro...
yo no hago acto de presencia
yo vengo y escribo
y comento porque lo leo,
porque me interesa lo que escribe
no importa su ánimo
ni su inspiración,
lo leo aún si no tengo tiempo, aún si su escrito es largo,
porque me interesa
porque lo quiero mucho.
Y te deso mucho exito en la PSU que estás dando hoy
aunque me habría encantado que me hubieses contado.

Un beso.

stultorum dijo...

Y que te falta amigo para recuperar la magia pimera?.

Tal vez es solo destiempo.

hetsah dijo...

lo que te quiero decir, te lo diré sólo a ti

matiasfontecilla dijo...

Me gustó el relato... triste, como la verdad pura del desamor, la desilusión y otros "des" tan ingratos.
Me recordó una especie de "Antes del Atardecer" en una versión final, más lúgubre y fatalista.
Tal vez, a la saga de Linklater le falte una tercera parte "Antes del anochecer" (Sé que el juego de palabras sólo funciona en español, pero, bueno, es un detalle).
Tal vez, la tercera parte debería ser en Budapest.