Sin darme cuenta estabamos conversando de lo pequeña que era la cuidad y mejor convenimos en llamarle pueblo.
Tenia una plaza y una pileta gigante con un angel al centro que lanzaba agua.
Los alrededores de la plaza principal estaban rodeados por casitas de colores, todas distintas unas de las otras y ningun color se repetia.
Freya, era el nombre de ella y ella tambien estaba de paso por la cuidad. Me lo dijo cuando comprabamos unos algodones de azucar gigantes de color verde que vendian.
Me senti como en antes del amanecer cuando nos dispusimos a conocer el pueblo juntos sin mas pretencion que eso, tal cual como linklater.
Eran como las once de la mañana, caminabamos por los pasillos de casitas de colores comiendo algodon de azucar, el dia estaba un poco nublado, pero hacia calor.
Mi mochila estaba en custodia de la estacion.
Ella llevaba una mochila pequeña.
- Dejame llevarte la mochila
- Supongo que el latinmen debe llevar la carga no? - me dijo con ironia y los ojos verdes le brillaron un poco.
Me rei y ella se acerco un poco.
Quizas demasiado.
...
Veinte minutos despues estabamos entrando a un parque muy grande, con arboles gigantes que tenian un cartel que decia su nombre y su origen.

Yo le dije que era americano, Chileno, para ser exacto.
Ella me dijo que su padre habia estado en Chile, pero que a su madre la conocio en argentina.
Yo le dije que los mios eran separados.
Me dijo que su nombre era el de la diosa de las Auroras, La belleza y los arboles.
Le dije que el mio todavia lo andaba buscando.
Se acerco una niña como de siete años y nos dijo que por un par de monedas nos hacia un tour por el parque.
La seguimos.
No nos dijo mas de lo que ya habiamos visto, salvo que el parque era un cementerio.
Que cada arbol, algunos mas grandes y otros mas chicos representaban a una persona que habia muerto y era enterrada y sobre ella plantaban un arbol.
La persona seguia viva en el arbol.
Le di las monedas a la niña y ella se fue corriendo.
Acerqué a Freya un poco más y la besé debajo de un arbol de flores rosadas.
Ella me miró a los ojos y sonriendo dijo
Cuidado... nos estan mirando y apuntó a los arboles.
Nos reimos un buen rato.
Almorzamos en una fuente de soda.
Descanzamos, tirados en el pasto de la plaza principal de pueblo.
Mientras la miraba ella se golpeo la cabeza con la mano y dijo algo en su idioma.
Luego me miró casi con ojos de cristal y me besó.
Habia pasado gran parte de la tarde.
Empezaba a hacer frio, le preste mi chaleco azul.
Ella tenia que volver, y yo tambien.
Tomabamos el mismo bus con direccion a la capital, pero ella bajaba antes.
No dijimos nada en todo el trayecto, solo ibamos ahi, sentados uno al lado del otro, abrazados, cubiertos con mi chaqueta.
Cuando se bajó me lanzó un beso desde el paradero de buses, desde arriba lo recibi frente al vidrio helado.
Cuando me baje en la capital dos horas mas tarde, hacia un frio de muerte.
Busque dentro de mi mochila mucho rato, aunque sabia que no lo encontraria.
La Diosa de la aurora llevaba puesto mi chaleco azul cuando me lanzó el ultimo beso.