La Cristina me dice que deje de pelear con ella, que ya está más grande, que no es igual que cuando éramos chicos.
La Cristina cumplió 23 hoy día. Yo tengo 23 hace seis meses y desde los 14 que nos vamos al departamento de su tía, cuando ella se va a la playa.
En ese departamento de la gran avenida descubrí el Jazz y la descubrí a ella.
La tía de la Cristina tenía un gusto musical de dioses y solía sacarle los discos y los escuchaba eternamente en mi casa.
Tomábamos el vodka de su tía sentados frente a frente, conversábamos del colegio, de la profe de química y la prueba de matemáticas que no sabia nada.

Siempre era lo mismo y no nos aburríamos. Llegábamos, encendíamos el equipo, poníamos un disco de Coltrane o Davis, nos servíamos un vodka, a veces variábamos con un vino blanco que la tía guardaba en la despensa.
Nos mirábamos, ella era siempre la que se acercaba, yo la tomaba del cuello y comenzaba a besarla.
Tenía un olor que era inconfundible, como a caramelo, a la altura de la oreja.
La Cristina no usaba perfume, por eso me gustaba su olor.
Ella cruzaba sus brazos por mi cuello y me besaba los labios, mordiéndome un poco el labio de abajo, hasta dejármelo muy colorado, sangrando.
Siempre me hacia sangrar la boca, yo le tiraba el pelo para que parase, y ella mordía más fuerte.
Me sacaba la camisa del colegio mientras yo desabotonaba su blusa.
No teníamos mucho tiempo entre el rito de llegar a la casa de su tía y llegar a tiempo a nuestra casa.
Terminábamos haciendo el amor en la cocina, la alfombra, en el baño mirándonos al espejo, la cama de la tía, el living y en el equipo de sonido Coleman Hawkins hacia sonar “April in Paris”.
Ya cansados nos metíamos a la ducha, jugábamos con el agua, nos besábamos y hacíamos el amor de nuevo, bajo el agua.
Nos vestíamos, tomábamos un café y encendíamos un cigarro.
Hacíamos parar la micro y ella se bajaba en la esquina de su casa y yo me despedía desde arriba, la veía jugar con su perro antes de entrar a la casa.
Yo me bajaba a 10 cuadras de su casa, caminaba por la plaza, saludaba a mi vecino y entraba a la mía.
Mi madre me retaba por el olor a cigarro
- Estuviste fumando otra vez?
- (silencio)
- Esta bien no me respondas, tu solo te estas cagando la vida.
- (sonrisas)
Entro a mi pieza y pienso en tomar el cuaderno de matemáticas.
Me tiro en la cama y vuelvo a pensar en la Cristina y en el disco de Charlie Parker que me traje hoy. Lo pongo en el equipo y me duermo.
Mañana veré que hago con matemáticas.