Mi hermana andaba con ganas de comprar ropa y la acompañe a uno de esos lugares extraños llenos de pasillos con tiendas pequeñas, cada tienda algo distinto y mientras ella se paseaba por el lugar yo me metí a una librería.
Al entrar lo primero que se ve es al dependiente era de esos ancianos que se ven solo en los cuentos con anteojos redondos y sin patas, apoyados sobre su gran nariz y un bigote también muy grande.
Sus ojos observaban un libro gastado con tapas que pudieron haber sido de terciopelo rojo con las esquinas reforzadas en un metal brillante.
Me miró por sobre el libro que sostenía con su mano derecha y me preguntó que buscaba, y le explique que andaba de compras con mi hermana mayor y mientras ella visitaba una tienda de ropa, me interesé en su librería para ver si encontraba alguna cosa entretenida.

No había gente en la librería y estaba dispuesta de tal manera que cada estante daba paso a un nuevo pasillo de libros, como un laberinto en donde la orientación la daba la inicial de cada tema, de cada autor, de cada titulo de los libros.
Como sabia que mi hermana demoraría en decidirse por alguna prenda de ropa, me permití escuchar la conversación de dos tipos, ubicados – quizás – en el pasillo siguiente al mío.
- Escucha lo que dice este libro... – oí decir a uno de los tipos, tenia una voz grave y seria, sin interferencia alguna, con la seguridad del sonido que produce una gota al caer.
Y el tipo leyó…
(Continua…)